15 dic 2010

La alegría de practicar

El siguiente texto fue extraído del libro "El Espíritu del Aikido" escrito por Kisshomaru Ueshiba.

La alegría de practicar.

      Desde sus comienzos, el Aikido prefirió no limitar a sus alumnos con demasiadas reglas y normas. Se sentía que no eran necesarias porque los alumnos venían al dojo por propia iniciativa y la mayoría buscaba algún objetivo a través del entrenamiento en Aikido. Por tanto, se podía esperar de ellos que observaran el modo correcto de comportarse.
Esta actitud básica defendía el principio de no rehusar nunca la entrada a nadie que deseara venir y de no acosar a aquellos que se marchaban. Los que habían elegido venir desearían observar naturalmente la etiqueta del dojo y los que se iban no tendrían necesidad de sus normas y reglas. Más que atar innecesariamente a los alumnos, la tendencia era dejar que los acontecimientos tomaran su curso natural.
     Una razón para no recalcar lo que era natural, era el hecho de que cuando el Fundador fue instado, por primera vez, a abrir un dojo de Aikido, sus alumnos originales eran hombres de sentido común, maduros, y de tal experiencia que eran líderes reconocidos en sus campos. Siendo gente con un gran sentido de la responsabilidad y el decoro, no parecía existir ninguna razón para someterlos a códigos de comportamiento en el dojo. El Fundador no aceptaba a cualquiera; entrevistaba personalmente a cada uno y era muy selectivo. Ningún factor externo podía influir en la elección de sus alumnos, y una vez que se permitía a una persona entrar al dojo, éste se topaba con el riguroso programa de entrenamiento. En cierto sentido, debido a la exigente disciplina que se requiere para practicar Aikido, los alumnos, aunque no estaban atados por normas y reglas, adquirían una carga mucho más pesada; pero la aceptaban de buena gana.
      Pronto debido al increento del número de alumnos, surgieron peticiones de reglas para el dojo. En una ocasión, en la que los alumnos de más edad fueron a ver al Fundador para pedírselas, éste sonrió y dijo: "¿Bien. Parece que los tiempos han cambiado!". Entonces rápidamente escribió seis preceptos y se los dio a sus alumnos. Dichos preceptos fueron conocidos como  "Las Advertencias en la Práctica del Aikido"

  1. El Aikido decide la vida o la muerte en un sólo golpe; así, los alumnos deben seguir cuidadosamente  la enseñanza del instructor y no competir para ver quién es el más fuerte.
  2. El Aikido es la vía que enseña cómo debe uno actuar con varios enemigos. Los alumnos deben entrenarse para estar alertas no sólo de frente, sino por los lados y por la espalda.
  3. El entrenamiento debería efectuarse siempre en un ambiente agradable y festivo.
  4. El instructor enseña sólo un pequeño aspecto del arte. Sus versátiles aplicaciones deben ser descubiertas por cada alumno a través de la práctica y del entrenamiento incesante.
  5. En la práctica diaria comienza primero por mover tu cuerpo y progresa luego hasta una práctica más intensiva. Nunca fuerces mada de forma innatural o irracional. Si se sigue esta norma, ni siquiera los ancianos se harán daño y podréis entrenar en un ambiente agradable y alegre.
  6. El propósito de Aikido es entrenar la mente y el cuerpo y crear gente sincera y cabal. Ya que todas las técnicas han de transmitirse persona a persona, no las reveles fortuitamente a otros, porque esto podría producir a que fueran utilizadas por rufianes.
       Ya que estas normas fueron escritas alrededor de 1935, parte de su lenguaje parece un tanto arcaico, pero sus puntos principales son válidos hoy en día. Son, en resumen:
  1.  El Aikido correcto no puede llegar a dominarse si uno no sigue estrictamente la enseñanza del instructor. 
  2.  El Aikido como arte marcial se completa si estamos alertas a todo lo que sucede a nuestro alrededor y no dejamos ninguna apertura vulnerable. 
  3.  La práctica se convierte en alegre y agradable una vez que uno ha entrenado lo suficiente como para que el dolor no moleste. 
  4.  No te quedes satisfecho sólo con lo que te han enseñado en el dojo. Debes constantemente digerir, experimentar y desarrollar lo que has aprendido. 
  5.  En la práctica, uno no debería nunca forzar las cosas de manera innatural o irracional, sino que debería emprender el entrenamiento adecuado a su cuerpo, condición física y edad. 
  6. El propósito del Aikido es desarrollar el verdadero ser humano. No debería utilizarse para exhibir el ego.
       Estos puntos son esenciales para la práctica de Aikido y todavía se mantienen en el Hombu Dojo. Mucha gente aplaudió especialmente el tercer artículo: "El entrenamiento debería efectuarse en un ambiente agradable y festivo". Un estreotipo común e las artes marciales es del tipo duro y rudo, con andares fanfarrones, pero la exhibición de bravuconería evidencia claramente la ignorancia del auténtico Budo, y , de hecho, es un intento infantil de ocultar una falta de confianza. Los que conocen auténticamente el Budo tienen modales relajados, incluso dan la impresión de ser suaves y gentiles. Aquellos que tiene confianza en el Budo nunca fanfarronean ni hacen alardes, y su comportamiento siempre es agradable y alegre. Exteriormente manifiestan delicadeza; interiormente poseen una gran fuerza. En la vida diaria son modestos y sin pretensiones y sus actos son naturales, nunca forzados. Se muestran tal como son, viviendo la vida natural y espontáneamente. Este es el retrato del verdadero alumno de artes marciales. Cuando gente así se reúne para practicar Aikido, el ambiente es en verdad agradable y alegre.
       He perdido la cuenta del número de practicantes de Aikido con los que he tenido contacto a diario a lo largo de los años. Es un orgullo que la inmensa mayoría practiquen Aikido con gran seriedad y dedicación. Pero cuando llegamos a la cuestión de cuántos gozan realmente la experiencia de un entrenamiento agradable y jovial, no puedo decir que el número sea tan grande. Muchos practican usando excesivamente la fuerza; otros con ceñuda resolución, e incluso otros, de forma vacilante y sin confianza.
     Es delicioso ver practicantes que disfrutan realmente de su entrenamiento. Muchos de ellos han estado practicando durante cinco, diez o incluso más años siguiendo su propio ritmo y haciendo del Aikido parte de su rutina diaria. Aparecen en el dojo, actúan sin mucho bullicio proyectando y siendo proyectados, siguen calladamnete las instrucciones y se marchan cuando se ha terminado la clase. Parecen no estar interesados en promocionarse y tiene aspecto de la gente que se está divirtiendo. Son los mejores alumnos de Aikido.

Videos Técnicos

Tsuki - Técnica libre  - Nage: Urrutia, Nicolás (3er. Dan) - Uke: Piscitelli, Santiago


4 nov 2010

"Paz Abundante"

      El siguiente párrafo fue extraído del libro "Paz Abundante: Biografía de Morihei Ueshiba, fundador del Aikido", escrito por John Stevens.
      "El Aikido no se puede explicar con palabras; uno debe practicar y alcanzar la iluminación de la mente y del cuerpo. El entrenamiento de Aikido no es deporte ni ascetismo; es un acto de fe basado en el deseo de llegar al despertar total. No tengáis prisa, ya que se tarda un mínimo de diez años para dominar los fundamentos y alcanzar el primer nivel. Jamás penséis en vosotros como instructores perfeccionados que lo saben todo; debéis seguir entrenando cada día con vuestros estudiantes y progresar todos juntos en el sendero del Aiki."

      La cita de Morihei Ueshiba sobre los diez años necesarios para tener un cierto dominio de los fundamentos recuerda un famoso cuento samurai:
Un Joven pidió a un esgrimista que le admitiera como alumno:
-Seré vuestro sirviente y me entrenaré sin cesar. ¿Cuánto tardaré en aprenderlo todo?
-Como mínimo diez años- contestó el maestro.
-Esto es demasiado tiempo- protestó el joven - Suponga que trabajo el doble y más duro que nadie. Entonces, ¿cuánto tardaré?
-Treinta años- le dijo.
-¿Qué quiere decir?- exclamó el joven - ¡Haré cualquier cosa para dominar el sable tan rápidamente como sea posible!
-En ese caso- dijo agudamente el maestro - necesitarás cincuenta años. Una persona que tiene tanta prisa es un mal estudiante.